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La Gran Fraternidad Blanca

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domingo, 15 de diciembre de 2013

LA NOCHE

 
 
 
 

 

   
Todo estaba en silencio; las calles, las casas, los árboles del bosque, hasta el río parecía haberse parado. Todo estaba sumido en sueños. La paz había invadido el pueblecito. Todos dormían.

 
Aproveché para empaparme de ella. Salí y paseé por sus calles. Sólo el ruido de mis pasos rompía ese mutismo en que había caído.

 
Vi las cosas tal cual son; ellas ahora, pasaban a ser protagonistas, hablaban en silencio y mostraban su historia, su Ser.

 
Las calles y las casas me contaron de mucha gente que había paseado por sus aceras, que ellas habían arropado; algunas se habían marchado lejos, pero ellas sabían que tarde o temprano volverían. Las casas guardaban mil historias; sus ventanas, sus puertas, sus muros eran cuerpos viejos, llenos de añoranzas, de melancolías.

 
Y la noche, ¡Oh la noche!, me habló de tantas cosas, me mostró un poco su Misterio, ella era tan parecida a la Muerte…

 
Todo el brillo, la imagen, el colorido, quedaban ocultos por ella. Pero ahí estaban, aunque no se vieran, esperando la Luz para mostrar nuevamente su espléndida maravilla a los ojos del hombre enamorado de la Vida.

 
La noche pasaba a ser como el anuncio del final de la vida; allí toda nuestra vida anterior quedaba en penumbra, oculta, y nosotros dormidos atravesábamos el río de la vida y llegábamos a la otra orilla, allí donde, más cerca de la Luz, todo tiene otro resplandor.

 
Los hombres vagaban por distintos lugares, reían, sufrían, amaban, luchaban, igual que en el día, pero en otros mundos, en sus mundos interiores, se debatían, la mayoría prolongaba en los sueños las preocupaciones de la vigilia. Me sentí sola, muy sola, aquí estaba todo rodeándome, menos los hombres, ellos habían zarpado y yo permanecía en el puerto, sola, esperándoles.

 
Despierta en medio de la noche, supe de aquellos que no duermen jamás, cuya misión es conducir nuestra nave, defenderla del mal.

 
Si todos durmiesen, si todos olvidasen, ¿Cómo se mantendría el orden? ¿Cómo sería posible que nuestra nave no naufragase?
 
 
Miré al cielo estrellado, la luna plateada brillaba como una barquita en su azul aterciopelado y comprendí el lenguaje de mis antepasados, su poesía; era una forma tan inteligente y tan hermosa de acercarse al Misterio… ¿Cómo mejor que amándole, familiarizándose con él, abriéndose, atrayéndolo, acercándose?

 
Y eso hice yo, ¿recuerdas?, me puse a hablar contigo para romper el frío y la soledad que me rodeaba y así conocerte mejor.
 
Sí, esa noche, despierta en medio de la noche descubrí muchas cosas; de ella, de mí y de los hombres, que quise contarte; algunas no sé cómo hacer, por eso te invito a tener esta experiencia, “vigila en la noche” y verás amanecer. ¡Vale la pena! Ya sé, ya sé, todos duermen ¿y tu?




D. Villegas
1988 -Gijon
fragmento de LA ODISEA DEL ALMA 

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