Entrada destacada

La Gran Fraternidad Blanca

La labor invisible del mundo se ejecuta bajo la dirección de los Adeptos de la Gran Fraternidad Blanca. En sus manos pone el Logos Su P...

sábado, 5 de noviembre de 2016

EL AMOR CORTES

Resultado de imagen de Edmund Blair Leighton


El concepto de amor cortés o “amour courtois” fue introducido por el medievalista Gaston París en 1883. El amante acepta la superioridad de su dama, en una relación que es una especie de idolatría; humildemente rinde su valía ante ella realizando cualquier hazaña que ella ordene.

El amor cortés es más que una mera pasión; es también un arte, en el sentido medieval de una disciplina moral. Aunque el propósito del amor cortés es la mejora moral o el ennoblecimiento del amante, no es tan puro como el llamado “amor platónico”, pues, al contrario que éste, se encuentra más próximo a la pasión sexual. El amor cortés es un amor poético, un deseo erótico que se mantiene en un estado de intuición sin llegar a la consumación. Para un caballero, amar era una obligación, y el que no amaba era como un muerto en vida.

El amor cortés es parte de la ética caballeresca, donde confluyen, como ya vimos, la fidelidad a la dama y la fidelidad a la religión. En ambos casos hay una serie de formas y reglas que suavizan la barbarie de las costumbres. Dentro de la sociedad feudal, el amor se concebía como un medio de elevación social y espiritual. La dama era siempre más elevada en honor que su amante, el cual le debía por ello homenaje.

"El amor cortés es incompatible con la forma convencional de amor en la Edad Media, pues, sobrevalora a la mujer y da mayor importancia a la sensualidad. Es una doctrina de paradojas, un amor al mismo tiempo ilícito pero moralmente elevado, apasionado pero disciplinado, humillante pero exaltante, por innumerables trabas, pues la conquista de la dama representa una difícil prueba, una ascesis. El amor cortés era esencialmente aristocrático y quedaba reservado a la élite que frecuentaba las cortes.  
  
El amor se convirtió en el campo en que habría de florecer toda perfección estética y moral.  Amor se convierte en valer más.

El amante establece una condición de vasallaje en sus relaciones con la amada, designada a veces como “midons”, es decir, mi señor. El amante intentará que su dama le tome las manos y le dé el beso mediante el cual pasará a ser su vasallo.  El amor a una dama procede no sólo de su belleza, sino de su valor, que se resume en un conjunto de cualidades morales y virtudes corteses.  






Posteriormente, los poetas del “Dulce Stil Nuevo” considerarán a la dama como una de las vías para llegar a Dios, como ángel, intermediaria entre el hombre y la divinidad. El amor es una fuerza que incita al hombre a probarse a sí mismo, a demostrar sus méritos a su señora. El amor cortés es así un excelente motor de las acciones heroicas como se muestra en los romances artúricos. El caballero necesita mostrar su valor, exponerse a peligros y acreditar la capacidad de padecer por su dama. La mujer es intermediario de Dios con el Hombre; la forma de llegar a Dios es a través del Amor, y el vehículo principal es a través del amor a una mujer.  El amor era un vínculo moral y espiritual, platónico diríamos hoy, que unía al caballero y su dama.

En los tratados medievales se establecían cinco tipos de pasión amorosa de una forma escalona. Estos estados son “visus” o contemplación, “alloqium” o conversación, “contactus” o caricias, “basia” o besos y finalmente “factum” o acto sexual.


El amor trovadoresco no es deseo de muerte, como en Tristán, sino de gozo, este gozo va más allá  del placer sexual, busca el “fin amors”, una sublimación del orgasmo que es una exaltación de los sentimientos, más allá de la voluptuosidad. Es un placer que no se reduce a lo físico, sino que llena todo el cuerpo y toda la Naturaleza".

Resultado de imagen de Edmund Blair Leighton



Fragmentos recogidos de "LA SAGA DEL REY ARTURO" 
Autor: Juan Carlos del Rio

No hay comentarios:

Publicar un comentario