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La Gran Fraternidad Blanca

La labor invisible del mundo se ejecuta bajo la dirección de los Adeptos de la Gran Fraternidad Blanca. En sus manos pone el Logos Su P...

martes, 31 de enero de 2017

Autumnal de Rubén Darío


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En las pálidas tardes 

yerran nubes tranquilas 
en el azul; en las ardientes manos 
se posan las cabezas pensativas. 
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! 
¡Ah las tristezas íntimas! 
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, 
tras cuyas ondas trémulas se miran 
los ojos tiernos y húmedos, 
las bocas inundadas de sonrisas, 
las crespas cabelleras 
y los dedos de rosa que acarician!



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En las pálidas tardes 
me cuenta un hada amiga 
las historias secretas 
llenas de poesía; 
lo que cantan los pájaros, 
lo que llevan las brisas, 
lo que vaga en las nieblas, 
lo que sueñan las niñas. 

Una vez sentí el ansia 
de una sed infinita. 
Dije al hada amorosa: 
Quiero en el alma mía 
tener la aspiración honda, profunda, 
inmensa: luz, calor, aroma, vida. 


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Ella me dijo: ¡Ven! con el acento 
con que hablaría un arpa. En él había 
un divino aroma de esperanza. 
¡Oh sed del ideal! 
Sobre la cima 
de un monte, a medianoche, 
me mostró las estrellas encendidas. 
Era un jardín de oro 
con pétalos de llama que titilan. 
Exclamé: ?Más... 
La aurora 
vino después. La aurora sonreía, 
con la luz en la frente, 
como la joven tímida 
que abre la reja, y la sorprenden luego 
ciertas curiosas, mágicas pupilas. 
Y dije: Más... Sonriendo 
la celeste hada amiga 
prorrumpió: ¡Y bien! ¡Las flores! 
Y las flores 
estaban frescas, lindas, 
empapadas de olor: la rosa virgen, 
la blanca margarita, 
la azucena gentil y las volúbiles 
que cuelgan de la rama estremecida. 
Y dije: Más... 
El viento 
arrastraba rumores, ecos, risas, 
murmullos misteriosos, aleteos, 
músicas nunca oídas. 

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El hada entonces me llevó hasta el velo 
que nos cubre las ansias infinitas, 
la inspiración profunda 
y el alma de las liras. 
Y los rasgó. Allí todo era aurora. 
En el fondo se vía 
un bello rostro de mujer. 
¡Oh; nunca, 
Piérides, diréis las sacras dichas 
que en el alma sintiera! 
Con su vaga sonrisa: 
¿Más?... dijo el hada. 
Y yo tenía entonces 
clavadas las pupilas 
en el azul; y en mis ardientes manos 
se posó mi cabeza pensativa...


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Ruben Dario

domingo, 29 de enero de 2017

PLATERO Y YO de Juan Ramón Jimenez


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"Y el alma, Platero, se siente reina verdadera de lo que posee por virtud de su sentimiento, del cuerpo grande y sano de la Naturaleza que, respetado, da a quien lo merece el espectáculo sumiso de su hermosura resplandeciente y eterna."

La tarde se prolonga más allá de sí misma, y la hora, contagiada de eternidad, es infinita, pacífica, insondable...


¡Los gorriones! Bajo las redondas nubes, que, a veces, llueven unas gotas finas, ¡cómo entran y salen en la enredadera, cómo chillan, cómo se cogen de los picos! Éste cae sobre una rama, se va y la deja temblando; el otro se bebe un poquito de cielo en un charquillo del brocal del pozo; aquél ha saltado al tejadillo del alpende, lleno de flores casi secas, que el día pardo aviva.

¡Benditos pájaros, sin fiesta fija! Con la libre monotonía de lo nativo, de lo verdadero, nada, a no ser una dicha vaga, les dicen a ellos las campanas. Contentos, sin fatales obligaciones...

Viajan sin dinero y sin maletas, mudan de casa cuando se les antoja; presumen un arroyo, presienten unas fronda, y sólo tienen que abrir sus alas para conseguir la felicidad... aman el amor sin nombre, la amada universal.

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"Platero, contagiado, en un oleaje de carnes de plata, igual que un chivillo, hacía corvetas, giraba sobre sus patas, en un vals tosco, y poniéndose en las manos daba coces al aire claro y suave..."

"Sabrás los versos que la soledad me traiga. Oirás cantar a las muchachas cuando lavan...

Y, todo el año, los jilgueros, los chamarices y los verderones te pondrán, en la salud perenne de la copa, un breve techo de música entre tu sueño tranquilo y el infinito cielo de azul constante de Moguer "

"Ven tú conmigo. Yo te enseñaré las flores y las estrellas. Y no se reirán de ti...

Esta flor vivirá pocos días, Platero, aunque su recuerdo podrá ser eterno. Será su vivir como un día de tu primavera, como una primavera de mi vida... ¿Qué le diera yo al otoño, Platero, a cambio de esta flor divina, para que ella fuese, diariamente, el ejemplo sencillo y sin término de la nuestra?"


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Juan Ramón Jiménez- Platero y yo -fragmentos


++++

Recordé a Platero, después de ver a un pobre burro, cargando un peso enorme que casi no podía soportar, temblando, en algún lugar del norte de África en un reportaje, sentí tanta pena...supe una vez más que el infierno o el cielo lo llevamos y creamos nosotros con nuestros actos, y todo lo que hay en nuestro interior... La rueda del dolor seguirá girando pues todo regresa...


Educación, sensibilidad...qué necesarias sois para que surjan personas humanas...con corazón



 Vuelvo a la poesía de las grandes almas, que resume con belleza musical los misterios todos, embelesando el alma que recuerda...


D.V. - Enero 2017 

domingo, 22 de enero de 2017

¿En qué consiste la Verdad?



"En el mundo finito y condicionado en el que el hombre se encuentra la Verdad absoluta no existe sobre ningún sujeto; no hay sino verdades relativas sobre las cuales debemos basarnos lo mejor posible.

En todos los tiempos ha habido sabios que alcanzaron la Verdad absoluta y que sin embargo no podían enseñar sino verdades relativas, pues en nuestra raza nadie puede dar a otro la Verdad total y final, que cada uno tiene forzosamente que encontrar por sí mismo y en sí mismo. Dos almas no son idénticas y por eso la luz suprema debe ser recibida por ellas mismas y no por intermedio de otra, según su capacidad. El más grande de los Adeptos no puede revelar de la Verdad universal sino tanto cuanto de ella es posible asimilar. El Sol es uno, pero sus rayos son innumerables, y su efecto es benéfico o maléfico, según la constitución y la naturaleza de las cosas que los reciben. Cuanto más elevada es nuestra conciencia, más podemos impregnarnos de verdad. Pero la conciencia humana es como la flor; puede girar su faz hacia el lejano luminar, las raíces la mantienen unida al suelo y la mitad de su vida se pasa en la oscuridad. Sin embargo, sobre esta misma tierra, cada uno de nosotros puede alcanzar relativamente el Sol de la Verdad y asimilarse los rayos más calientes y más directos, a pesar de la alteración que sufren a través de las partículas físicas del espacio. Hay dos métodos para llegar allí.

Sobre el plano físico podemos emplear nuestro polarizador mental, analizar cada rayo y escoger el más puro. Para alcanzar el Sol de la Verdad sobre el plano espiritual, debemos trabajar de una manera absolutamente seria. Sabemos que paralizando gradualmente los deseos de nuestra personalidad inferior (voces de nuestra alma puramente fisiológica que depende de su vehículo, el cerebro físico) el hombre animal en nosotros puede dar lugar al Hombre espiritual, en este caso, los sentidos y las percepciones espirituales, una vez puestos en movimiento, se desenvuelven simultáneamente; y es esto lo que los Grandes Adeptos, los Yoguis del Oriente, hacen todavía en la actualidad. antes de que pueda llegar a ser dueño de una verdad absoluta, el hombre debe conocerse a sí mismo y obtener las percepciones interiores que no engañan jamás.

El egoísmo, hijo de la ignorancia, es el resultado de la creencia de que para cada niño nacido es creada una nueva Alma, separada y distinta del Alma universal. Este egoísmo forma la gran barrera entre el Yo personal y la Verdad, es la madre de todos los vicios, la mentira nace de la necesidad de disimular, y la hipocresía proviene del deseo de enmascarar una mentira. Es el cáncer que crece, roe y destruye todo de nuestra naturaleza y ese egoísmo es la sola divinidad que no tiene que temer ser renegada por sus discípulos, reina, por consecuencia, en nuestro mundo de conveniencias, en aquel que llamamos mundo respetable.

El egoísmo y la falsedad están en acción por el yo bien amado, hipocresía y falsedad en cada individuo, hipocresía y falsedad en cada nación.


Cada clase de la sociedad está basada sobre una mentira y sin esta mentira caería en ruinas. Los diarios engañan a sus lectores y aun la ciencia ha cesado de presentar los hechos tales como son...

Fuera de cierta condición elevada y espiritual del Alma, por la cual el hombre es uno con el Alma universal, él no puede obtener sobre esta Tierra sino verdades relativas de cualquier religión o filosofía que sea; y aún, si la diosa que se encuentra en el fondo del pozo saliese de su prisión, no podría dar al hombre más de lo que él pudiera asimilar. 

Queremos ser liberales y nos oponemos a la santurronería y a la intolerancia que terminan en el sectarismo.

La Verdad absoluta es el símbolo de la Eternidad, y como ningún pensamiento finito comprende lo eterno, ninguna verdad perfecta podría desenvolverse en ese pensamiento finito.

La Verdad divina no puede descender sino sobre un Alma imparcial, sin prejuicios, lo que raramente se ve en nuestros países civilizados

Un rayo de la Verdad absoluta no podría reflejarse sino en un espejo puro, hecho de su propia llama y esta llama en nosotros es nuestra conciencia más elevada



H.P. Blavatsky - fragmentos

martes, 10 de enero de 2017

Una visita del cielo

Hace 4 años que me visita todos los días, 
varias veces...
y yo le alimento con alpiste
Es mi fiel amigo,
mi pajarín, "Horus chiquitin"
Sí, cuando falta algún día,
me inquieta y pregunto:
dónde estará, se encontrará bien,
La Vida me envía su presencia,
por algo...quién será...
y es que es mágica

Sé que el cielo me visita
Gracias, mi pajarín






Realidad, Poder y alcance de las formas mentales

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El verdadero filósofo tiene que tratar de llegar a todos los temas, llegar a todas las inquietudes humanas, poder introducirse en todos los misterios, en todos los secretos, en todos los rincones de esta naturaleza que nos rodea, en la cual estamos inmersos y que está dentro nuestro. Cada uno de nosotros es como un pequeño misterio, como un bajel que está navegando en las inmensas aguas. Esas aguas son una gran ignorancia, como diría Sócrates, en donde nos encontramos ante un entorno, nos encontramos ante nosotros mismos y nos hacemos preguntas. La Filosofía es, ante todo, una actitud de preguntas y una actitud de respuestas. Tan solo el Hombre que pregunta puede obtener respuestas de la vida, respuestas de sí mismo.
Lamentablemente, con el correr de los siglos, muchos hombres y muchos pueblos se han aferrado de manera fanática o dogmática a determinadas afirmaciones y no han querido conocer, no han querido abrirse a otras realidades que las propias que perseguían en ese momento. El problema es la cristalización de esas realidades que, como si fuesen de porcelana, vuelven a un estado demasiado frágil y se rompen, se astillan, al estar unas junto a las otras. Nosotros, en Nueva Acrópolis –cuyo nombre significa “nueva ciudad alta”– tratamos de llegar a unas verdades que sean dinámicas, a unas verdades que nos sirvan a todos, que puedan sernos realmente útiles, no tan solo en lo metafísico, en lo ontológico, en lo óntico, sino que nos sirvan cotidianamente, en cada momento de nuestra vida.
De ahí que, aunque aparentemente el filósofo es un utópico, alguien que camina por la vida con la vista puesta en las estrellas, el verdadero filósofo tiene también la vista puesta en el suelo, en el lugar por donde debe caminar, qué es lo que debe hacer hoy, qué es lo que debe hacer mañana y recordar qué es lo que hizo ayer. ¿Cómo sabemos cada uno de nosotros quiénes somos? Lo sabemos fundamentalmente porque recordamos. Nuestra capacidad de unir, de encadenar las experiencias, es lo que nos da la afirmación de un yo a cada uno de nosotros.

Como muchas veces hemos explicado, si sufriésemos en este momento una amnesia general, no sabríamos qué estamos haciendo aquí, yo tampoco sabría qué estoy haciendo en este estrado, con este micrófono en la mano. Es evidente que necesitamos recordar para poder unir esas experiencias y crear un yo, algo desde lo cual partir, algo desde donde poder entender todas las cosas. Ese yo nos lo da la memoria, que así se llama en lo individual, y que en lo colectivo conforma las raíces de la Historia. La Humanidad es Humanidad realmente porque conserva esos recuerdos, esas raíces que le permiten establecer una comparación de experiencias, forjar un devenir histórico y crear un progreso, una evolución, dentro de sus posibilidades.
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Generalmente, cuando hablamos de evolución, lo hacemos con términos un poco absolutos, y pensamos que todo evoluciona. Mas si todo evolucionase, todo estaría en cambio, y si todo estuviese en cambio significaría que todo sería imperfecto, que todo está buscando la perfección. Tiene que haber en nosotros algo que evoluciona, algo que busca la perfección, pero nos tiene que estar esperando la perfección allá en el fondo de todas las cosas, tiene que haber en el horizonte una perfección que no evoluciona, un arquetipo, como diría Platón, que nos está aguardando.
Este mundo en el cual vivimos –decían los antiguos egipcios, y posteriormente lo van a repetir de una manera mucho más asequible para nosotros las compilaciones hechas en las escuelas de Pérgamo y de Alejandría por los neoplatónicos–, este, es un mundo mental. No porque todo sea mente, sino porque, en este momento de la evolución, nuestro vehículo de conciencia, nuestro vehículo de aprehensión de la realidad es algo mental. ¿Qué es lo que busca la Filosofía, cuando es una Filosofía real, cuando es una Filosofía viva, cuando es una Filosofía que llamamos acropolitana? Busca dar mayor capacidad a nuestra mente, para poder extraer cada vez más enseñanzas de la vida, para poder tener un conocimiento mayor.


De ahí que en nuestro momento evolutivo, en este momento de la evolución de la Naturaleza y de las cosas, desde nuestra propia evolución, necesitamos tener una capacidad plástica y elástica, para poder captar cada vez un poco más. Para esto hace falta una humildad intrínseca. El hombre que dice: «yo lo sé todo; lo afirmo con total rotundidad», indudablemente se equivoca. El hombre que, en cambio, establece una relación con la realidad, que le permite dudar sanamente –no estoy hablando ahora de una duda filosófica sempiterna a la manera cartesiana, sino de una duda vital, una duda humana–, el hombre que se pregunta qué es esto, de qué está hecho, qué proporción tiene, ese hombre, esa mujer, puede realmente agrandar cada vez más su capacidad de captación de la realidad.
Todos los que estamos aquí reunidos y tanta gente en Madrid y en el mundo, se hace preguntas sobre esta realidad. Nosotros afirmamos que hay algo básico, y es que todo hombre, toda mujer es filósofo. A pesar de los títulos, no creemos que haya ninguna universidad ni ninguna casa de estudios que pueda inventar filósofos. El hombre, la mujer nacen filósofos. El niño que de pequeño pregunta a sus padres sobre las estrellas, sobre cómo nace, sobre cómo muere, sobre cómo vive, ese niño desde ya tiene una actitud filosófica, tiene una actitud de tendencia hacia el conocimiento. Ahora bien, ¿a través de qué vehículo lo hace? A través de un vehículo mental.
La misma palabra Hombre, en distintos idiomas, tanto actuales como antiguos, está enraizada, conectada, relacionada directamente con esta actitud mental. El Hombre todo lo mentaliza, y es más, el Hombre realmente vive lo que él cree, lo que él piensa que está viviendo. Si en una situación determinada nosotros bebiéramos una taza de agua, pero alguien lograse convencernos, lograse mentalizarnos en el sentido de que esa agua está emponzoñada, de que esa agua es venenosa, es probable que empezásemos a sentirnos mal, que haya una especie de sugestión en nosotros y nos parezca que realmente estamos envenenados. La mente es terriblemente poderosa, la mente da realidad, da peso, da sabor a todas las cosas.
Cuando tenemos un dolor, un simple dolor de muelas y podemos sacar nuestra mente de esa problemática y la podemos fijar en otra cosa, vamos a ver que nuestro dolor disminuye, que ya no nos afecta tan profundamente; en cambio, si tenemos un pequeño dolor, cualquiera, si tenemos una pequeña molestia en una mano, y empezamos a pensar en esa molestia, en esa mano, poco a poco se va a robustecer, hasta el grado de que esa molestia se nos hará sencillamente insoportable.
Un viejo maestro de Filosofía que tuve en mi juventud, Nilakanta Sri Ram, me decía que la repetición de estas apreciaciones mentales es lo que a veces nos tortura. Figurémonos, me decía él, que alguien nos dice que somos tontos. Aparte de que podamos o no ser tontos, no nos gusta que nos lo digan, entonces nos enfurecemos interiormente, y comentamos con la familia, con los amigos: «¿Tú sabes lo que me ha pasado hoy? Me he encontrado con Fulano de tal y me ha dicho que soy un tonto». Después nos sentamos a tomar un café y empezamos a pensar: «Me dijo que era un tonto, ¿tendré yo cara de tonto o aspecto de tonto? Debo haber hablado como un tonto, verdaderamente es increíble, pero me han dicho tonto…».
Y me decía este que fue mi maestro, que ahí existe todo un devenir mental que acaba agravando la situación. A uno le dijeron tonto una vez, pero uno se lo ha dicho a sí mismo cien veces. La repetición de ese calificativo o ese insulto, robustecido por nuestras propias formas mentales, por nuestra propia concepción de las cosas, hace que nosotros lo veamos cada vez más conciso, más fuerte, más contundente.
He hablado de formas mentales, es bueno empezar a aclarar un poco las cosas. Todo lo que nosotros vemos tiene forma. Por ejemplo, este estrado tiene una forma, está hecho de madera, pero tiene una forma que no es estrictamente material o física. Lo que es físico y material es la madera, que es el sustento de la forma mental que ha sido atrapada en estas dimensiones y en este tamaño, porque esto alguna vez fue pensado por alguien, esto alguna vez fue trazado, fue dibujado, fue imaginado. Es decir, esto es simplemente una forma mental atrapada en la materia, y ahora, por estar atrapada en la materia tiene una consistencia especial. Si esto no hubiese sido atrapado por la materia –supongamos que quien pensó este estrado no lo hubiese hecho–, jamás se hubiese realizado, y esa forma mental habría quedado en los planos mentales, tal vez hubiese sido recogida luego, pero no en ese momento, y esto entonces no existiría materialmente.
De ahí que tenemos que ver que todo en nuestro Universo, ya sea lo físico, ya sea lo sentimental, lo que yo hace un momento decía de un insulto o una calificación negativa o positiva, todo ello está dentro de un esquema mental. El Kybalion, esa obra recopilada por los neoplatónicos –y luego muy comentada, pero los comentarios son posteriores–, proviene de una pirámide que yo mismo he visto en Egipto, llamada la Pirámide de los Textos, porque hay una serie de textos esculpidos en la parte interior, en sus techos y en sus paredes. Esta obra contiene una serie de aforismos, una serie de afirmaciones básicas, una de las cuales es que el Universo es mente, que todo es mental. Es decir, que todo lo que nosotros vemos es fruto de la mente, fruto de aquello que ha dado un límite a la materia, que ha dado un límite a la emoción o al propio pensamiento. El manejo de estas formas o vehículos de la mente es lo que nos permite la comunicación entre nosotros y es lo que nos permite una vivencia de la realidad.
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Dentro de nuestro gran esquema mental existe una visión septenaria. Los esoteristas dicen que el Hombre y aun la Naturaleza, en este momento de su evolución y dada nuestra apreciación, es séptuple. No obstante, alguien puede recordar las enseñanzas de Pitágoras de que la Naturaleza estaba dividida en diez, o incluso las enseñanzas cabalísticas, que parten del Ain Soph, de «la no cosa», estableciendo la creación a través del ShepherYezirah, en donde mencionan los diez elementos que componen el Universo. Pero para nosotros, para nuestra captación, dado el momento que tenemos en nuestra evolución, esta división de la constitución interna del Hombre y de su capacidad de percibir la Naturaleza es septenaria. Es decir, nosotros vemos todo a través del color de nuestras gafas mentales que, en la actualidad, nos muestran una clave septenaria.
Si yo hago un ejercicio de retroceso dentro de mí mismo, vería primeramente mi cuerpo, este cuerpo que va cambiando, que apareció hace tiempo y algún día desaparecerá, y me doy cuenta de que estoy más allá de este cuerpo, de que yo no soy mi cuerpo. Yo estaría también más allá de la parte vital, de esa parte que los orientales llaman prana, porque independientemente de que yo esté corriendo o esté detenido, existo dentro de esta parte vital. Además, tengo emociones, pero esté alegre o triste, más allá de mi alegría, más allá de mis tristezas, estoy yo, que soy aquel que recibe, que interpreta y que vive mis alegrías y mis tristezas.
Así vamos subiendo, y llegamos a la parte mental, que los orientales, los hindúes fundamentalmente, llaman Manas. Manas viene de la raíz man, Hombre. Este Manas, como se ve en el diagrama, tiene dos partes: un Manas concreto, que llamamos Kama-Manas, apoyado en la realidad cotidiana, que se refiere a los hechos de la vida diaria, y que es con el que nosotros pensamos en los precios de las cosas, pensamos en las cosas políticas, en las cosas sociales, pensamos en qué ropa nos tenemos que poner hoy, qué zapatos, etcétera. Pero habría otra parte de la mente que está más allá, que es más elevada, que es la que especula sobre una serie de posibilidades filosóficas, sobre quién soy, de dónde vengo, adónde voy, y que llamamos propiamente Manas. Sin embargo, en este retroceso sigo estando yo detrás de todo. Hay una relación entre lo que pasa, el devenir, y el ser en sí, que soy yo mismo, que estoy detrás de todo eso.
Existe además una posibilidad de intuición, llamada Manas-Budhi, una capacidad de intuir, de sentir las cosas. ¿A quién no le ha pasado que llegando a una ciudad o conociendo a una persona se siente cómoda o incómoda, se siente bien o mal? O cuando vemos un monumento, como el Partenón y decimos: «¡qué bello es el Partenón!». No nos hace falta saber estrictamente si el Partenón pertenece a un orden dórico o pertenece a un orden jónico o corintio. Eso es una especulación posterior. La sola visión del Partenón, la sola visión de una obra de arte, de algo bello, ya nos eleva, hace que nosotros podamos captar esa belleza, que nos pongamos en contacto directo con esa belleza práctica que está frente a nosotros. Lo mismo podríamos decir en el aspecto musical. Tal vez muchos de nosotros no sepamos diferenciar lo que puede ser una corchea de una semicorchea, no podamos distinguir claramente un instrumento musical de otro, pero todos nosotros tenemos la capacidad de poder recrearnos con la música, de poder sentir, intuir esa música, más allá de nuestros pensamientos.
Pero todavía, si podemos elevarnos, estamos nosotros mismos detrás. Y habría ultérrimamente algo en este ejercicio de retroceso, adonde se llega al fin, aquello que está detrás de todo. Aquello que está detrás de todas las cosas, siempre dentro de lo mental, va a estar identificado con una voluntad de permanencia, una voluntad de ser: es la parte superior, la parte de Manas-Atmá, aquello recóndito, la parte espiritual. Este Manas-Atmá es mi yo profundo, pero un yo que no es todas las cosas, que no es una unidad absoluta, sino que todavía estoy yo y lo que no soy yo, todavía estoy existiendo. Tendría que dar un gran salto en el misterio para poder fundirme a todas las cosas, lo que los hindúes llaman el Atman, para poder llegar a estar allí, ahí y aquí, al mismo tiempo.
Desde hace milenios, en India se realiza un ejercicio que es el de imaginar un vástago de una planta. Luego, se va imaginando que ese vástago se abre en dos, pero siempre pensando que uno mismo está en las dos partes, y después cada parte se abre a su vez en otras dos, y así sucesivamente. Vais a ver, si lo hacéis, que es un ejercicio muy difícil, porque llega un momento en que nos es casi imposible poder percibirlo de manera exacta, porque una cosa es estar en un lado y ver las ramas de la derecha o estar en el otro y ver las ramas de la izquierda y otra cosa es estar en todas las ramas a la vez. Nuestra característica primordial nos lleva hacia la unicidad, hacia un yo que está en relación, que está en un trabajo constante con su entorno, con su mundo circundante.

MANAS
(Mente superior)
ATMA
(espiritual)
BUDHI
(intuicional)
MANAS
(Mente pura sobre la que se reflejan los principios latentes de Atma y Budhi, conformando el cuerpo causal o Yo)
KAMA-MANAS
(Mente inferior)
ANTAKARANA o PUENTE
(Mental más sombrío)
ASTRAL
(Mental que da forma a los deseos)
PRÁNICO
(Mental vigorizado por el aliento de Vida)
ETERO-FÍSICO
(Mental referido a las cosas físicas)
Aquí, en este cuadro, hemos tratado de dar una cierta estructura a las formas mentales, para su mejor comprensión. Yo os rogaría que hagáis uso de vuestra imaginación. La imaginación es algo poderoso, es lo que nos permite realmente conocer las cosas en profundidad. Imaginemos que cada una de estas subdivisiones dentro de la mente, dentro de la parte mental, son como vehículos, automóviles, barcos o aviones, algo dentro de lo cual estamos nosotros.
Vamos a suponer que estamos dentro del vehículo Manas-Atmá, este vehículo que canaliza fundamentalmente la parte espiritual y la parte de la voluntad. La voluntad es fundamental para todos nosotros. Por voluntad yo estoy ahora hablándoos en esta pequeña charla. Por voluntad estáis vosotros escuchándome. Por voluntad existe esta casa, por voluntad existe esta ciudad, este mundo y este Universo. Hay una voluntad de ser que hace que las cosas sean como son y no de otra manera.
Manas-Atmá es el vehículo superior, cuyas formas mentales son de un color cercano al violeta, para aquellos que lo pueden ver, para los videntes. Se pueden hacer formas mentales, visualizar como si fuesen pequeñas cajas, y esas cajas tendrán una forma precisa, una forma casi puntual y un color violáceo. El color está en relación precisamente con aquellos que existen en la luz. La luz blanca se descompone en siete colores básicos, y este color violáceo es aquel que puede encerrar los elementos de voluntad.
Cuando queremos manejar las formas mentales, no se puede trabajar con cualquier color, sino que tenemos que trabajar con los colores, con los ritmos, con la vibración que corresponde a la forma mental que estamos ejercitando. Cuando la forma es de voluntad, el color es siempre violáceo. Las formas pueden ser muy complejas, los ejercicios pueden tener formas geométricas entrelazadas que van moviéndose a diferentes ritmos, pero la voluntad es lo que hace que permanezcan y que duren mucho tiempo, que no se desgasten, que se mantengan.
Cuando en vuestra vida cotidiana queréis saber si hacéis algo por voluntad o lo hacéis por simple deseo, yo os propongo un pequeño test, una pequeña forma de saberlo. Si lo que estáis haciendo pertenece realmente a la voluntad, vais a ver que aunque pase el tiempo continuaréis haciéndolo, sentiréis siempre el mismo deseo de hacerlo, estaréis fijos y firmes en hacer esa cosa. Si, en cambio, eso no pertenece a la parte de la voluntad, os desinteresaréis rápidamente.
Yo, por ejemplo, podría decir que me gusta pintar y que está en mí esa necesidad de pintar si durante años y años a mí no me importa hacer una serie de sacrificios, entrar en relación con una serie de personas o tener un maestro que me enseñe. Si sigo con ese pensamiento y perfeccionándome en el arte de la pintura, es que este pensamiento mío obedecería a la forma Atmá, a la forma espiritual. El tiempo no la desgasta, no la toca. En cambio, si yo quiero dedicarme a la pintura y me dicen: «Primero habría que saber preparar los colores, o primero habría que saber manejar los pinceles», y yo digo: «Bueno, no, eso es mucho trabajo, la verdad, estoy tan ocupado que no me voy a poner ahora a seleccionar pinceles o a seleccionar pinturas». Está claro que eso ya no pertenece a un vehículo de voluntad, eso pertenece a un vehículo de deseo.
El deseo se satisface y cesa. Eso es así desde lo sexual hasta lo espiritual; en cambio, la voluntad no, la voluntad perdura. Esa es la diferencia que existe entre el amor y el sexo. El amor perdura, en el amor no importa los años que pasen, ni las circunstancias; cuando hay verdadero amor por otro ser humano, cuando hay verdadero amor por una obra determinada, cuando hay verdadero amor por algo, ese amor sigue, no encanece, no envejece con los años, ese amor participa de aquello que decían los griegos que era la Afrodita de Oro, una especie de belleza interior que no decae jamás. Y aunque pasen los años y vengan las adversidades, ese amor, convertido tal vez en ternura, convertido tal vez en amistad o en cualquier otra cosa, continuará fuertemente enraizado en nosotros. Mas, si eso no pertenece a la parte superior, vamos a ver cómo se agosta, cómo cambia violentamente, cómo desaparece con los años. Lo que más dura, para nosotros, son las formas que dentro de nuestra mente están hechas con Manas-Atmá, con la parte espiritual.
Existen otras formas mentales que están hechas por Manas-Budhi, es decir, por la parte intuicional o la parte religiosa. Su color suele ser plateado, a veces con ciertas variaciones doradas, y nos permiten conectarnos con nuestra parte superior, con la parte religiosa. Eso es natural en nosotros. Sería una forma inversa a la átmica. En la átmica somos nosotros los que tenemos voluntad, decimos: «vamos a hacer esto», y lo hacemos, a pesar de todas las adversidades. En la parte búdhica, en esa parte más receptiva, nosotros no nos imponemos sino que rogamos: «¡Dios mío, ven a mí!», tratamos de que lo superior, de que lo espiritual nos embeba. Nos ponemos en relación con lo espiritual. Es como si recogiésemos en una taza de oro la fe interior, todo aquello que cada cual siente, bien sea una mística de tipo cristiano, una mística de tipo budista o una mística que no tenga nombres.
De alguna forma, sentimos esa parte mística, esa parte intuicional, y sin que nadie nos lo haya explicado, y aunque tal vez no hayamos leído a Platón, sabemos en el fondo de nosotros mismos, más allá de todos los resentimientos, más allá de todas las discusiones que pudimos haber tenido con un montón de gente, sabemos que existimos, que somos inmortales, que venimos de alguna parte, con fuerza, que vamos a ir a alguna otra parte, con fuerza, que existe algo más allá de nosotros, los Dioses, los Ángeles, Dios mismo, el nombre que queráis darle, pero intuimos que hay algo que es superior a nosotros.
Es aquello que hace que cuando estamos en un gran peligro lo invoquemos, porque como alguna vez creo que he dicho en broma, ¿quién cuando está en una situación desesperada grita: «¡Pesetas!»? Nadie. Uno grita: «¡Dios mío!», o grita: «¡Madre!», cosas que son sagradas para nosotros, que están sacralizadas. Y en esa imposibilidad de cogernos de todo lo material, cuando estamos desesperados, cuando caemos en el vacío, en un momento de gran peligro, nos ponemos en relación con aquello espiritual que está en nosotros, con aquello que nos aguarda a la vuelta de todos los caminos.
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La diferencia fundamental entre un Hombre y un animal no es simplemente que el animal tenga rabo, porque no todos tienen, ni es tampoco que el animal piense o no piense; lo fundamental es que el Hombre puede concebir a Dios. De ahí que una Humanidad que pierde el contacto con ese Dios interior, que pierde el contacto con su espiritualidad ingénita, deja de ser una verdadera Humanidad, se convierte prácticamente en un grupo de humanoides que simplemente responden a sus pasiones y pertenecen a sus odios. Pero más allá del odio y de la pasión está la creencia, está el sentir que tenemos un Padre, una Madre, algo, en el Cielo, en aquel lugar que está más allá de las nubes y más allá de las galaxias y más allá de cualquier otra cosa, que está en otro plano, y que nos recibe y nos cobija, del cual somos hijos y en el cual todos somos hermanos.
Por debajo estarían las formas de Manas-Manas, de fuerte expresión, es decir, Manas con su subcuerpo Manas, la mente pura. En este caso, las formas mentales son firmes, directas, no pertenecen más que a sí mismas. Su color es el azul. Son las formas mentales referentes a la mente y las ideas puras. Nosotros tenemos determinadas ideas sobre las cosas, ideas sobre el Alma, ideas sobre cómo tendría que ser el mundo, cómo tendrían que ser las relaciones humanas, cómo tendríamos que estar nosotros en relación con nuestro yo interior, de qué manera vamos a morir, de qué manera hemos nacido. Esas son formas puras, pensamientos, siempre en relación con lo mental y en relación con lo fenomenal, pero son vehículos puros, vehículos azules, firmes. No son tan duraderos como los otros, puesto que no están tan bañados con la parte sutil, con la parte espiritual. Es el caso de los números: dos más dos son cuatro. Esta suma no necesita ni una voluntad de perseverancia, ni necesita tampoco una relación con el mundo celeste o divino.
Pero necesitamos además un vehículo inferior para poder entender las cosas, un vehículo puente, un vehículo Antakarana, como se diría en India, y este es el mental, pero el mental más sombrío, un mental menos luminoso, menos puro, que no estaría en la parte aritmética pura sino que estaría en la parte matemática que uniría la aritmética con la geometría y que nos permitiría hacer de puente, establecer la relación. Estas formas suelen ser de color verde. El verde es el color fundamental de la Naturaleza en este momento; no hablo de las plantas ni de los árboles, sino del color interior del Universo, en el cual nosotros estamos; el verde, la armonía por oposición.
Y aquí también, sin embargo, es donde están las obsesiones, debido a la repetición de las cosas, que va creando formas mentales completas y útiles, pero que cuando se desbordan a nuestro control se convierten en lo que podríamos llamar en la psicología actual las «formas mentales circulares». Es lo que os contaba que me decía mi maestro, que alguien me ha dicho tonto una vez y yo me lo he repetido innumerables veces.
Os habrá pasado a menudo que tenéis un problema, un negocio, una relación conflictiva con una persona cualquiera y os vais a la cama, queréis dormir, pero empezáis a pensar. Y habréis notado que empezáis a pensar lo que le vais a decir a esa persona, lo que le vais a contestar o lo que le vais a proponer, pero ¿termina el pensamiento? No. Cuando aparentemente termina, nace de nuevo, y comienza otra vez a pensarse exactamente lo mismo, prácticamente lo mismo. Y hay casi una satisfacción, hay casi una morbosidad, una pasión escondida en volver a repetirlo y a repetirlo hasta que nos encontramos exhaustos de pensar todo el rato la misma cosa. Es por eso, por esta pasión escondida dentro de esa mente, por lo que los hindúes la llaman Kama-Manas, mente de deseos. Kama significa para los hindúes lo que para los japoneses es el kami, la parte brillante, la parte pasional de las cosas, el deseo de las cosas. Hay un deseo de recrear las cosas, hay un deseo de pensarlas de nuevo, de comenzarlas de nuevo. Y a veces queremos parar pero no podemos. Cuando termina nuestro ciclo mental recomienza de nuevo, esa es la parte de las ideas-formas que habitan en esta zona, en la mansión de las obsesiones.
Por otro lado, no siempre estas ideas son negativas, querría deciros que estas obsesiones pueden ser también positivas. Imaginemos que nosotros queremos superar un vicio, puede ser el alcohol, fumar en exceso, la agresividad… entonces comenzamos a pensar las razones por las cuales debemos superar este vicio, y acabadas estas razones, como no tenemos otras, se cumple el ciclo y recomenzamos a pensar lo mismo, por qué tenemos que superarlo y cómo vamos a hacerlo. Terminado esto comenzamos otra vez a pensar lo mismo. Es decir, que dentro de estas obsesiones existiría una parte negativa y existiría una parte positiva, según el sentido, según la direccionalidad que le hayamos dado a esta problemática. Esto sería la parte de la mente que corresponde a Kama-Manas.
Después está la parte de Kama-Manas Astral, la parte de los deseos, la parte psíquica que generalmente aparece bajo formas de color rojo vivo, vehículos de pensamiento que son deseos, no muy racionales, aunque son formas de pensamiento. Deseamos determinada cosa, un coche, un piso, deseamos tener dinero, deseamos la relación con una persona, deseamos entrar en la universidad, deseamos tener unas vacaciones. Eso es un deseo puro, no hay razón. Si a uno le preguntan: «Bueno, ¿y tú por qué quieres hacer este viaje?». «Pues no sé, lo quise toda mi vida». No hay una razón para dar y, a veces, nos inventamos razones para quedar bien con la gente. Pero no tenemos realmente una razón. Con lo cual no tenemos una argumentación lógica, simplemente deseamos algo, lo deseamos, lo pensamos deseándolo y cuando lo explicamos, lo explicamos para los demás, porque para nosotros nos basta con ese pensamiento-deseo.
Por debajo, se encuentran las formas de este mental inferior o Kama-Manas, que están en la parte pránica, es la parte de la mente vigorizada por un aliento de vida. Es aquello que tiene vida, que tiene perduración, pero no en base a una voluntad, no en base a una inexorabilidad, sino en base a su vitalidad. Suele ser de color naranja o anaranjado, y sus formas se van cambiando, se van recreando las unas por las otras, pero se mantienen vivas, se enlazan unas con otras.
Finalmente, están las formas más densas, que son la parte del mental reflejada en las cosas físicas; estas formas mentales suelen tener un color rojizo, con tonos tipo sangre, muy oscuros, a veces casi marrones y que están como envueltas o reflejadas en una especie de red negruzca que tiene tonalidades de los diferentes colores y brillos. Es aquello precisamente que nos lleva a crear algo, que nos lleva a dibujarlo, que nos lleva a poder plasmarlo con las manos, es la parte más densa de nuestras formas mentales. Son nuestras formas mentales en relación directa con el aquí y con el ahora, con lo que estamos haciendo ahora, con lo que queremos hacer en este momento.
Sobre las formas mentales querría decir que hay que tener mucho cuidado cuando se trabaja con ellas. ¿Por qué? Por dos cosas. Una para no herir a los demás, que es fundamental desde el punto de vista moral, y otra para no herirnos a nosotros mismos. Estas formas mentales son un poco como esos instrumentos voladores, utilizados en la guerra o en la caza, que vuelven a la mano que los lanzó, y que en Australia se llaman bumeranes. Estos bumeranes son armas muy primitivas, que se encuentran en los yacimientos incluso del Paleolítico formativo. Así pues, estas formas mentales pueden ser de distintos materiales pero cuando se arrojan, por afinidad vuelven a nosotros. Por eso hay que tener mucho cuidado.
Un mal pensamiento, un mal deseo que nosotros lanzamos hacia alguien, aunque le dé a ese alguien, aunque haya percutido sobre esa persona, ese mal deseo vuelve de nuevo a los brazos de papá. Es nuestro hijo y vuelve de nuevo gritando: «¡padre, madre!, ¿dónde estás?». Y nosotros corremos desesperados: «¡no vengas, mal pensamiento!», pero ese mal pensamiento vuelve, nos alcanza. Esto está en relación con lo que los orientales llaman karma, la ley de acción y reacción. Nadie escapa del karma, el karma existe siempre. Cuando nosotros sembramos trigo, vienen espigas de trigo y cuando nosotros sembramos cizaña, viene cizaña. Eso es inexorable.
Pero generalmente se cree que este concepto kármico es algo completamente mecánico, y no es mecánico, es vital. Voy a explicarme. Nosotros creemos que si elaboramos un mal pensamiento y lo lanzamos, ese mal pensamiento todo lo más, en el peor de los casos, volverá a nosotros tal como lo lanzamos, exactamente igual, no de otra manera. Pero eso no es así.
Fijaos que en la Naturaleza. Cuando vosotros plantáis una patata, no viene otra patata, viene una planta que tiene varias patatas. Y cuando vosotros plantáis un grano de trigo no viene un grano de trigo, viene una espiga de trigo. ¿Por qué? Porque hay en la Naturaleza una serie de elementos, que los esoteristas llaman elementos akásicos, que son espejos de reflexión, que van potenciando nuestras ideas-formas, que hacen que si nosotros hemos lanzado un dardo, no venga un dardo, sino que vengan cien o doscientos dardos; a su vez, si nosotros hemos lanzado una rosa, no viene una rosa, vienen cien o doscientas rosas. Esa es la magia vital de la Naturaleza, esa es la causa por la cual crecemos, y esa es la causa por la cual tenemos que afrontar a veces terribles problemas.
Veámoslo nosotros en una ideología cualquiera. Una persona determinada, en filosofía, en política, en religión o en lo que fuere, da una enseñanza. Esa enseñanza, ¿a quién se la trasmite, a cuánta gente se la da? Se la da a una persona, o a doce, si queréis seguir la tradición. Se la da a un grupo pequeño de personas. Pero estas ideas, si se plasman, vuelven a él, no a través de una o cuatro o doce personas, sino a través de cientos, miles o millones de personas. Eso nos crea una enorme responsabilidad sobre nuestras formas mentales. Debemos cuidar no solamente la higiene de nuestro cuerpo físico, la higiene de nuestra casa, sino que además debemos cuidar la higiene de nuestras formas mentales. Debemos lavarnos por dentro. Eso es fundamental, porque las formas mentales vuelven de nuevo hacia nosotros.
Y cuando tengamos una mala forma mental, una forma mental muy pesada, tratemos de arrojarla de nosotros, pero no hacia otros, tratemos de arrojarla lo más lejos posible y, al mismo tiempo, trabajarla para que se vaya transmutando, poco a poco, de modo que esa forma mental agresiva, oscura, vuelva a nosotros con otra naturaleza. Eso se llamaría la transmutación alquímica, o desde el punto de vista moral, esa es nuestra capacidad de perfeccionamiento. Es nuestra capacidad de una especie de perdón interior, pero no un perdón otorgado, sino un perdón elaborado, que nos permite adquirir algo bueno aun habiendo lanzado lo malo.
Porque, ¿quién está libre, mis queridos amigos, por buenos que podamos ser, de lanzar en un determinado momento una mala idea? Supongamos que alguien nos agrede o nosotros agredimos a alguien sin querer, hay un choque, hay un roce, hay algo, o vemos un espectáculo desagradable en la calle. ¿Quién está libre de lanzar una mala forma mental, y desear en ese momento la destrucción, la muerte, el sufrimiento de esa persona? ¿Qué podemos hacer si ya lo hemos lanzado? Lo que podemos hacer ahora es tratar de transmutar esa idea, procurar cambiarla, alisarla, intentar llevarla hacia unos campos más cálidos, más benéficos, para que esa idea que hemos lanzado impensadamente no se transforme en un elemento nocivo, en una especie de arma, sino en algo que vuelva a nosotros mansamente.
Los antiguos magos de Tesalia imaginaban las formas mentales como si fuesen animales y hacían que esas formas mentales tuviesen aspecto como de pájaros, pájaros que volvían siempre a sus manos. Incluso podían realizar ejercicios de desdoblamiento, es decir, que trasladaban su conciencia a una forma mental concreta, para que esa forma mental pudiese pasar determinados planos de la Naturaleza y pudiese volver de nuevo al lugar en donde el cuerpo la estaba esperando. Pero aquí ya entraríamos en la parte práctica de la magia, que es una zona peligrosa.

Para poder manejar las formas mentales lo fundamental es tener mente. Y no creamos que todos tenemos mente. Muchos no tenemos más que un amasijo de pasiones, de pensamientos, de cosas encontradas, pero no tenemos una mente verdadera. Para tener mente necesitamos tener realmente voluntad. Y esa voluntad no debe imponerse a los otros de una manera tiránica, sino que fundamentalmente debe imponerse dentro de nosotros mismos. Como decía Platón, hay que recrear en nosotros el individuo, aquella parte indivisa, aquella parte que no teme a la muerte, aquella parte que no teme a la adversidad, aquella parte que va a seguir hacia adelante, que seguirá caminando y caminando aun con sus temores y defectos, aun con sus pequeñeces. Esa es la imagen del caballero andante, esa es la imagen del Quijote, esa es la imagen de todos aquellos que siguen cabalgando en la soledad, en las tinieblas, en la adversidad.

Benditos sean, porque gracias a aquellos que siguen cabalgando en la oscuridad, gracias a aquellos que mantienen elevada la antorcha de la espiritualidad, gracias a aquellos que mantienen la voluntad firmemente apuntada hacia el horizonte, gracias a aquellos que están por encima de sus pequeñeces humanas y sueñan con un mundo mejor, todo el Universo sigue. Gracias a ellos nuestros niños nacen con esperanzas, gracias a ellos nuestros ancianos cierran los ojos con fe, gracias a ellos nuestros hombres y mujeres laboran por un Mundo Nuevo y Mejor, a la espera de ese Hombre Nuevo que pueda canalizar las formas mentales para que este mundo sea más justo, sea más bueno, sea más honrado, sea menos agresivo y en donde todos podamos vivir fraternalmente.
Quizá alguna vez tengamos algún enfrentamiento –es inevitable entre hermanos– y se produzca algún roce, pero un roce que no ofenda, un roce que luego se convierta en caricia, que se convierta en sonrisa. Seamos familia otra vez, seamos todos hermanos. Hagamos una gran forma mental, de una gran paz, de una gran concordia, no de una actitud estéril y contemplativa, sino de un verdadero trabajo interior y exterior, que nos permita convivir, que nos permita reparar lo que está roto, que nos permita unir los pedazos de la Historia Vieja y recrear una Historia Nueva en unidad, en fuerza, en limpieza y en libertad.
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Conferencia dictada en Madrid 5 Mayo 1984
Autor: Jorge Angel Livraga 

Edit. N.A.- "Magia, Religión y Ciencia para el Tercer Milenio" Tomo VI

lunes, 9 de enero de 2017

A las puertas de una nueva Edad Media


Todas las cosas se continúan como los eslabones de una cadena, los unos con los otros. Las montañas con los valles, los valles con las montañas. Así, a través del pasado humano encontramos que muchas veces ha habido edades medias.

La nueva Edad Media, el gran crash de los sistemas, puede alcanzar y golpear más fuerte en los lugares en que materialmente se ha evolucionado más.

Veamos un poco qué posibilidades existen de ellos y como se podría superar o paliar esto. Todos vosotros sois conscientes de que estamos a las puertas de una nueva Edad media. Estamos en la actualidad ante un derrumbe de una serie de valores que no son reemplazados con la rapidez necesaria por unos valores nuevos. Quiero aclarar que una cosa es protestar por algo y otra cosa es reemplazarlo.

Si hay un sistema que funciona, vamos a suponer ahora el sistema de amplificación de sonido de esta sala, y si nosotros por razones políticas, sociales, religiosas, o por los tiempos, tenemos que reemplazar este sistema de amplificación, no lo vamos a reemplazar por uno semejante, pero si no hay o no conocemos o no podemos instalar otro mejor, de qué sirve estar diciendo: "yo critico al amplificador, porque no me gusta el amplificador" Lo único que haríamos es protestar, quejarnos de no tener otro amplificador. Así, hay un "aparato" de la sociedad que nos va abandonando paulatinamente, y este aparto de la sociedad no tiene pronto reemplazo.

Supongamos que lo que nos pasa hoy aquí en España, a nivel social, económico, político, religioso, el que haya hombres muertos por la calle o cualquier otro problema, es culpa del sistema que hubo antes. Es una suposición, muy bien. Más, entonces, todo lo que pasó cuando estaba el otro sistema fue culpa del sistema que hubo antes, y de todo lo que le pasó a la Segunda República, tuvo la culpa el sistema anterior, y así llegamos a Adán y Eva, al primer hombre y a la primera mujer, al sistema del pecado original; pero eso no es nada nuevo.

Lo de descargar sobre nuestros padres todas nuestras culpas lo encontramos incluso en los modernos psicólogos; si fulano es drogadicto o tiene alteraciones emocionales, su padre y su madre tienen la culpa; y se va descargando la culpa sobre el padre o la madre o sobre la sociedad.

A nosotros nos ha pasado un poco lo mismo.  Nuestros padres han vivido lo que llamaría la época de Flash Gordon", en que se pensaba que para el año 2000 íbamos a ir en cohetes a sacar metales de los distintos planetas, a recorre el universo, tener riquezas , y todos los medios y toda la gente iba a estar satisfecha, completa y bien alimentada, bien vestida, bien instruida. Pero todo esto era una novela al estilo Flash Gordon. La realidad es completamente diferente. Jamás ha habido tantos analfabetos de los que hay en la actualidad; jamás ha habido tantas diferencias económicas, políticas, sociales, como hay en la actualidad, y hoy nos hallamos en un sistema descentrado.

Los más jóvenes tal vez no crean mucho lo que les estoy diciendo. Se les enseña aquello de la culpabilidad y de algo que yo llamaría "maquetismo", soluciones en pequeño. Pero el maquetismo no es cierto; nosotros podemos hacer ahora una reproducción exacta de la torre Eiffel, la hacemos exactamente en proporción, colocando sus patas sobre una tabla o algo por el estilo y la vamos a someter a un movimiento. Este movimiento a la maqueta no le afecta en absoluto, queda igual; pero ese movimiento, en la misma proporción, aplicado a la verdadera torre Eiffel que está en París, produciría algo que está en la escala misma del terremoto. O sea, que lo que funciona en maquetismo, lo que funciona en pequeño, no funciona en grande.  Una cosa es el maquetismo y otra cosa es la realidad. 
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Nos encontramos ante un grave problema, que nos afecta a todos. Nos encontramos ante una serie de bloqueos de un sistema que se va deteriorando poco a poco.

El crecimiento demográfico hace que cada vez haya más gente, pero esa mayor cantidad de gente, si no se adecua a una nueva forma, al vivir en un mismo lugar pero utilizar los mismos esquemas, cada vez tiene menos, cada vez estamos más amontonados, más molestos, más nerviosos, y eso lo podemos notar todos los días, La gente se va deteriorando poco a poco. El mundo se va deteriorando poco a poco, el mundo ha cambiado bastante; y no precisamente en base a las leyes del amor, de la concordia o de la comprensión, sino en base a un amontonamiento, a un desorden, a que todos nos estamos poniendo nerviosos. Todos empezamos a defendernos a nosotros mismos, a defender nuestra propia vida, nuestra forma de pensar. La propaganda nos invade, nos fuerza a elegir. 

Y cuando hay elecciones políticas, ¿el hombre es libre de decidir algo? ¿Libre de qué? Cuando le dicen constantemente lo que tiene que hacer cómo lo tiene que hacer. Todo eso nos va disminuyendo, nos va convirtiendo en números, en trocitos de madera, en astillas de humanidad. en lugar de darnos dignidad, fuerzas y dimensión, todo esto nos la va quitando: vacila nuestra fe, vacilan nuestras fuerzas.

Hoy todo es confuso. Hay una serie de cosas que nos van confundiendo, que nos van tornando en seres sin capacidad de elegir. Todas las cosas se van distorsionando, se van empequeñeciendo...

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Ante esta nueva Edad Media, ante este golpe de una nueva barbarie; ante estos nuevos merovingios o carolingios, estos hombres de navajas y empujones...¿Como podemos dejar a nuestros hijos, a nuestros descendientes, a los que creyeron un día en nosotros, un mundo no solamente sea nuevo, sino mejor? No todo lo nuevo es mejor, así como todo lo viejo tampoco es mejor. Lo nuevo puede ser mejor, o puede ser peor. No todo lo nuevo es verdaderamente instructivo, A veces los hombres se desconciertan ante lo nuevo y no saben qué hacer. No basta con hacer cosas nuevas; hay que hacerlas mejor.  Y para hacerlas mejor proponemos algo

Quienes fueron los que salvaron en la última Edad Media, tantos tesoros de la anterior civilización? Los salvaron las órdenes monásticas cristianas y musulmanas, que pudieron traer hasta nosotros libros de Platón, Aristóteles, Séneca, que se habían perdido; conceptos artísticos que habían desaparecido; ideas que no existían más. Hoy, nosotros estamos formando un módulo de supervivencia -para decirlo en palabras modernas- donde cada uno tiene que tratar en lo posible de rescatar del medio ambiente todo aquello que sea válido para sí y para los demás. Rescatar buenos libros, buenas obras de arte, buenas costumbres, el buen sentido de la amistad, del amor, del honor, del deber. Rescatando eso, cada uno de nosotros conformamos en nuestra totalidad una especie de módulo de supervivencia para estas épocas difíciles que llegan, épocas que nada tiene que ver con una maldición divina, sino con algo natural.

Los astrólogos dicen que hemos entrado en la Edad de Acuario desde 1950, y que esto nos precipita primeramente en una "edad de hielo". Acuario comenzaría por una edad de hielo o agua sólida; después de agua líquida y luego de agua vaporosa. O sea, que la parte más dura de esta Edad de Acuario, que va a durar más o menos dos milenios, la estamos pasando ahora precisamente, en la primera parte de la Edad de Acuario. Pero digan la verdad o no los astrólogos, o digan cualquier cosa, la realidad es que vemos que el mundo se endurece, que los sistemas están fallando. Hay una serie de deficiencias, y tenemos que aprender a vivir, aun a través de estas deficiencias.

Y la solución no está en la parte material, sino en la parte moral, en la parte interior; la solución es tratar de bajar el grado de agresividad que tenemos todos. Y tener también a la vez una actitud activa ante aquello que está demoliendo demasiado rápido nuestra sociedad, sin dar tiempo a su reemplazo. No podemos ser simples elementos contemplativos. Cuando vemos que cerca de nosotros se comete alguna injusticia, no pensar: "A mí qué me importa", sino ser activos y tratar de impedirlo. Hay una gran indiferencia impresa en el mundo, un gran egoísmo; y ese gran egoísmo es también una forma degradante de Edad Media. Pero vamos a transformar ese egoísmo en un sano individualismo. Hemos de volver a las sanas y buenas costumbres que tenían aquellas damas y aquellos caballeros que supieron legarnos nuestra civilización, nuestras creencias y aquello que todavía nos mantiene vivos.

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Mirar hacia arriba y hacia adelante. Tener fe, una fe serena, una fe por la fe. Hoy hay en la gente un halo de debilidad, de temor, de escapismo.  El futuro lo tenemos que hacer con nuestras manos.

Soñemos con aquello que podamos construir nosotros aquí y ahora, De qué manera podemos enderezar nuestro propio carácter de qué manera podemos hacernos más fuertes, de qué manera podemos educar nuestra memoria, de qué manera podemos aumentar nuestra cultura y robustecer nuestra fe; tener entre nosotros un vinculo fuerte. Dignificarnos, aprender otra vez a trabajar a cantar y a orar. Dejar el culto a la suciedad y a todo lo malo y bajo; esas tonterías de niñatos de comprarse unos pantalones vaqueros carísimos y raspárselos luego con una piedra para parecer pobres. ¡Eso son disfraces señores! Eso no es el mundo que tiene que venir. Seamos naturales, espontáneos. Vivamos como tenemos que vivir, de una manera alegre, sana y buena. Sepamos hablar entre nosotros. Volvamos de nuevo a escuchar poesía y buena música, a mantener sanas conversaciones, a honrar la bandera y a creer en Dios. Volvamos a aquello que es el fondo de nosotros mismos. Y eso no es un salto atrás; es un salto adelante, porque detrás hay un borde y otro borde está delante. Lo que tenemos son dos abismos. ¡Para poder dar realmente un salto hacia adelante, para poder tender un puente a través de la desesperación y el desengaño, tenemos que basarnos fuertemente en aquello que hemos dejado atrás para proyectarlo hacia adelante, como un brazo de gigante que pueda traspasar estas épocas de miedo, oscuridad y angustia!
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Fragmentos conferencia: A LAS PUERTAS DE UNA NUEVA EDAD MEDIA
20/1/1979- Madrid
JORGE ANGEL LIVRAGA RIZZI