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La Gran Fraternidad Blanca

La labor invisible del mundo se ejecuta bajo la dirección de los Adeptos de la Gran Fraternidad Blanca. En sus manos pone el Logos Su P...

martes, 9 de mayo de 2017

Enseñanzas de Helena P. Blavatsky


El suelo árido sobre el cual nuestras generaciones actuales se mueven, al finalizar esta edad de hambre espiritual y saciedad material, necesitará una señal divina, un arco iris, símbolo de esperanza, sobre el horizonte. De entre todos los siglos pasados, el XIX es el más criminal. Es criminal en su terrible egoísmo y en su escepticismo que se burla de la mera idea de algo que va más allá de la materia; en su indiferencia idiota hacia todo lo que no es el «yo» personal, nuestro siglo es todo esto y, mucho más que cualquier otro, tiene una ignorancia barbárica y una oscura intelectual. Nuestro siglo debe ser salvado de sí mismo, antes de que suene su última hora. Ahora es el momento de actuar para quienes ven la esterilidad y la locura de una existencia obnubilada por el materialismo y tan ferozmente indiferente al destino de los demás: les corresponde a ellos entregar sus mejores energías, su valor y sus esfuerzos para efectuar una reforma intelectual. Tal reforma no es factible si no mediante la Teosofía y, digámoslo, el Ocultismo o la sabiduría de Occidente. Muchos son los senderos que llevan allí; pero la Sabiduría es para siempre una. Los artistas la anticipan, los que sufren la sueñan y los puros en espíritu la conocen. Los que trabajan para los demás no pueden quedarse ciegos ante su realidad, aunque no siempre conozcan su nombre. Sólo los superficiales y las mentes vacías, los egoístas y los zánganos torpes, aturdidos por el sonido de su zumbido, pueden ignorar este ideal elevado. Vivirán hasta que la existencia misma se convierta en una carga insoportable.


Aquellos que hacen este  esfuerzo,  muy  pronto  constatarán  que  el  «portal  angosto» y  el  «sendero  espinado»  conducen  a  valles  hermosos  con  horizontes  ilimitados, a  un estado  sin  muerte;  ¡y  que  uno  vuelve a ser un Dios! Es cierto que los primeros requisitos para llegar allí son un altruismo absoluto, una devoción ilimitada a los intereses ajenos y una indiferencia completa por el mundo y sus opiniones. Para dar el primer paso a lo largo de este camino ideal, es necesaria una intención perfectamente pura; ningún pensamiento frívolo puede distraer nuestra vista de la meta; ninguna vacilación ni duda puede paralizar nuestros pies. Sin embargo, hay hombres y mujeres perfectamente capaces de todo esto y cuyo único deseo es el de vivir bajo la égida de su Naturaleza Divina. ¡Qué al menos ellos tengan el valor de vivir esta vida sin esconderla a la vista ajena! La opinión de nadie puede considerarse superior sobre los dictados de nuestra conciencia.  Entonces,  que  ésta  conciencia,  una  vez  llegada  a  su  desarrollo  más elevado,  sea  nuestra  guía  en  nuestras  acciones  diarias  comunes.  En  lo  que atañe a  nuestra  vida  interna,  concentremos toda nuestra atención en nuestro ideal propuesto, mirando siempre más allá, sin bajar la vista al fango en nuestros pies...Los que pueden  llevar  a  cabo  tal  esfuerzo  son  verdaderos  Teósofos;  todos  los  demás son simples miembros más o menos indiferentes y, muy a menudo, inútiles.


El orgullo y la vanidad son dos cánceres horribles que devoran el corazón de las naciones civilizadas y el egoísmo es la espada que la personalidad transitoria blande a fin de cortar el hilo dorado que la ata a la INDIVIDUALIDAD inmortal. 

Si  la  Teosofía  prevalece  en  la  lucha,  si  su  filosofía  abarcativa  se  arraiga  con firmeza  en  las  mentes y en los corazones de los hombres, si sus doctrinas de la Reencarnación y del Karma, en otras palabras, de la Esperanza y de la Responsabilidad, encuentran un lugar en las vidas de las nuevas generaciones; entonces, rayará el día de la felicidad y de la dicha para todos los que ahora sufren y son relegados a las márgenes de la sociedad. Porque la verdadera Teosofía es ALTRUISMO  y  no  nos  cansaremos  de repetirlo.  Es  el  amor  fraterno,  la  ayuda mutua  y  una constante devoción a la Verdad. Una vez que los seres humanos se percaten de que sólo en  esto  se  encuentra  la auténtica  felicidad  y  jamás  en  la riqueza,  las  posesiones  o  cualquier  gratificación egoísta, las nubes oscuras se disiparán y en la tierra nacerá una nueva humanidad. Entonces, rayará el día de la EDAD DE OROPero si no es así, la tempestad estallará y nuestra ufanada civilización occidental de iluminación, se hundirá en un océano de horrores inauditos en toda la historia.
La imagen puede contener: cielo, nubes, océano, crepúsculo, exterior, naturaleza y agua

El «Faro» de la Verdad es la Naturaleza sin el velo ilusorio de los sentidos. Puede ser alcanzado sólo cuando el adepto se vuelve maestro absoluto de su yo personal, pudiendo controlar todos sus sentidos físicos y psíquicos mediante el «séptimo sentido»; gracias al cual recibe, también, la verdadera sabiduría de los dioses –Theo-sofía

El mundo debe moverse y avanzar si no quiere estancarse y morir. La evolución mental progresa pari passu a la evolución física, y ambas adelantan hacia la VERDAD ÚNICA, que es el corazón del sistema de la Humanidad, así como la evolución es la sangre.

Sólo la Teosofía, bien entendida, es capaz de salvar al mundo de la desesperación, reproduciendo una reforma social y religiosa; tarea que, en el pasado, llevó a cabo Gautama el Buda; una reforma pacífica, sin derrame de sangre, mientras cada individuo se quedaba en la fe de sus antepasados, si quería. Para hacer esto, sólo deberá rechazar las plantas parasitarias de la invención humana, que en este momento están sofocando a todas las religiones e iglesias en el mundo. Que acepte la esencia, que es igual en todas; es decir: el espíritu que da la vida al ser humano en que reside, volviéndolo inmortal. Que cada ser humano inclinado al bien, encuentre su ideal –una estrella que lo guíe. Que la siga sin desviarse jamás de su camino y, casi seguramente, alcanzará el «faro de luz» de la vida– la VERDAD; poco importa si la busca y la encuentra en el fondo de una cuna o de un pozo




Entonces, se nos pregunta: «¿Cuál es vuestra religión o creencia? ¿Cuál es vuestro estudio favorito?».«LA VERDAD», contestamos. La verdad dondequiera que la encontremos; ya que, como Amonio Sacas, nuestra más grande ambición sería reconciliar los sistemas religiosos distintos, ayudando  a  todo  ser  a  encontrar  la  verdad  en  su creencia  y obligándole  a  reconocerla  en  el  sistema religioso de su prójimo. ¿Qué importa el nombre, si la cosa en sí es esencialmente la misma? 

La Teosofía es el camino que lleva a la Verdad y el ocultismo es, en toda religión y ciencia, la piedra angular y el solvente universal. Es el hilo de Ariadna que el maestro da al discípulo que se aventura en el laberinto de los misterios del ser; la antorcha que le ilumina el camino a lo largo del peligroso dédalo de la vida, el enigma de la Esfinge para siempre. Sin embargo, la luz arrojada por esta antorcha puede discernirse sólo por la vista del alma despierta: nuestro sentido espiritual ciega los ojos del materialista; así como el sol encandila los de la lechuza.


Una libertad plena y completa de la conciencia humana para todos; la fraternidad imperante entre los ricos y los pobres y la igualdad entre los aristocráticos y los plebeyos, que –su reconocimiento en la teoría y en la práctica–, es aun quimérico y por una buena razón. Todo esto debe cumplirse natural y voluntariamente por ambos lados; el momento aún no ha llegado para que el león y el cordero duerman el uno al lado del otro. La gran reforma debe tener lugar sin temblores sociales,  sin  verter  ni  una gota de  sangre,  lo cual  es  posible  sólo  reconociendo  y  estudiando  la gran verdad axiomática de la filosofía oriental según la cual la gran disparidad de fortuna, grado social e intelectual se  debe  simplemente  a  los  efectos  del  Karma  personal  de  cada  ser humano. Recogemos únicamente lo que hemos sembrado. Si la personalidad del hombre difiere de cualquier otro hombre, el ser inmaterial interno o la individualidad inmortal, emana de la misma esencia divina que la de su prójimo. 

Eso que debemos buscar, mientras esperamos, es llevar un poco de paz a la tierra de los corazones que sufren, levantando, para ellos, un rincón del velo que les oculta la verdad divina. Que los más fuertes muestren el camino a los más débiles, ayudándoles a encaramarse a lo largo de la pendiente de la existencia. Que fijen la mirada hacia el Faro que brilla al horizonte, más allá del océano misterioso y desconocido de las ciencias Teosóficas como una nueva estrella de Belén, y que los desheredados de la vida recobren esperanza."




fragmentos de:  H.P. BLAVATSKY 
(Tomo XI -Obras completas)

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